lunes, 21 de enero de 2013


LUNA
Era tarde ya, la luna palidecía, me encontraba en una de las sillas de la plaza, como ya era costumbre: fumando un poco de mi pipa, con la pluma en la mano e intentando escribir un mar de sensaciones.
 El paisaje era igual que todas las noches: al lado se divisaba un anciano luchando contra el sueño, al frente dos bultos peleando por un par de copas, al fondo su reflejo…y nada más. De repente el aire cambio de color y comenzaron a bajar hormigas por la montaña, no pude ni pararme cuando ya tenía dos a mi espalda y uno de frente, y en medio del abrumador silencio, irrumpió uno- Señor debe acompañarnos, a lo cual asentí con la  cabeza sin tener mayor opción.
Tras haberme internado al fondo de una de sus camionetas, y luego de deambular sin rumbo conocido alrededor de dos horas, llegamos a una especie de parcela, de un estilo muy rupestre, para luego conducirme hasta donde alguien a quien llamaban “sol”, quien se dirigió a mí de manera muy cordial: -necesitamos de usted, ya que eres amigo de la luna, y ella no ha vuelto a hacer su labor por estos arenales-, yo quien no había pronunciado palabra alguna hasta el momento, respondí: -Ella no es amiga mía, solo es testiga de mis más profundos demonios, y si no ha venido por acá; es simple: no la merecen y solo vendría para verme padecer, como siempre lo hace en la lejanía, tras la montaña.
El señor Sol, muy a disgusto y algo enfadado se paró de su asiento y hablo con dos de sus subordinados algunos minutos. No quise entender lo que sucedía (aunque ya lo sabía), de repente me despojaron de mis ropas y me llevaron a un lugar despejado, ataron a mi cuello una soga y soltaron del butaco que me sostenía, poco a poco subió a mi cabeza un largo desespero que fue disminuyendo con el tiempo, y justo un instante antes que estaba por darle fin a mi sentir, apareció la luna y solemne me murmullo:

Mi vida y mi muerte,
Mi sol y mi luna,
Aunque nunca te toque,
Como yo, nunca alguna.

Aunque lo dudes,
Aunque sea increíble,
En mi mente siempre estarás tangible.

Al terminar de oír su armoniosa voz, no pude seguir, pero si comprendí que así tenga otra vida, no la volvería a vivir.

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