LUNA
Era tarde ya, la luna palidecía, me
encontraba en una de las sillas de la plaza, como ya era costumbre: fumando un
poco de mi pipa, con la pluma en la mano e intentando escribir un mar de
sensaciones.
El paisaje era igual que todas las noches: al
lado se divisaba un anciano luchando contra el sueño, al frente dos bultos
peleando por un par de copas, al fondo su reflejo…y nada más. De repente el
aire cambio de color y comenzaron a bajar hormigas por la montaña, no pude ni
pararme cuando ya tenía dos a mi espalda y uno de frente, y en medio del
abrumador silencio, irrumpió uno- Señor debe acompañarnos, a lo cual asentí con
la cabeza sin tener mayor opción.
Tras haberme internado al fondo de
una de sus camionetas, y luego de deambular sin rumbo conocido alrededor de dos
horas, llegamos a una especie de parcela, de un estilo muy rupestre, para luego
conducirme hasta donde alguien a quien llamaban “sol”, quien se dirigió a mí de
manera muy cordial: -necesitamos de usted, ya que eres amigo de la luna, y ella
no ha vuelto a hacer su labor por estos arenales-, yo quien no había
pronunciado palabra alguna hasta el momento, respondí: -Ella no es amiga mía,
solo es testiga de mis más profundos demonios, y si no ha venido por acá; es
simple: no la merecen y solo vendría para verme padecer, como siempre lo hace
en la lejanía, tras la montaña.
El señor Sol, muy a disgusto y algo
enfadado se paró de su asiento y hablo con dos de sus subordinados algunos
minutos. No quise entender lo que sucedía (aunque ya lo sabía), de repente me
despojaron de mis ropas y me llevaron a un lugar despejado, ataron a mi cuello
una soga y soltaron del butaco que me sostenía, poco a poco subió a mi cabeza
un largo desespero que fue disminuyendo con el tiempo, y justo un instante
antes que estaba por darle fin a mi sentir, apareció la luna y solemne me murmullo:
Mi vida y mi muerte,
Mi sol y mi luna,
Aunque nunca te toque,
Como yo, nunca alguna.
Aunque lo dudes,
Aunque sea increíble,
En mi mente siempre estarás
tangible.
Al terminar de oír su armoniosa voz, no pude seguir, pero si
comprendí que así tenga otra vida, no la volvería a vivir.

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